Autor Tema: Dios y la lucha libre  (Leído 346 veces)

Febrero 28, 2017, 16:19:55 pm
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Cita de: Fernando M. Carreño
Me figuro que conocerán el tema: en el estado norteamericano de Texas, uno de esos que permiten llevar armas por la calle y en el que domina políticamente la derecha religiosa, esa que aquí llamaríamos extrema y que no hace tanto tuvimos en el poder, en los tiempos del Nacionalcatolicismo (aunque para el caso que nos ocupa da igual que sean protestantes, católicos, musulmanes, judíos, budistas o incluso ateos militantes: todos comparten el vicio de decirle a la gente lo que tiene que ser y hacer) ha dictaminado que un chico participe en un torneo femenino de lucha libre. La razón, por así llamarlo, el respeto a la Ley Divina (a la suya, o según ellos la entienden), que abomina de la transexualidad, de la homosexualidad, de la sexualidad en general y, por extensión, de todo lo que suponga que una persona pueda actuar en su vida con libertad.

Con arreglo a ella, el organismo que rige la lucha libre a estos niveles determina que cada persona debe participar en competiciones según el sexo (perdón también pido si no soy demasiado respetuoso con los tecnicismos de sexo, género y demás) que figura en su partida de nacimiento. Así, también entrar en aseos públicos y otras cosas por el estilo. El resultado, el lógico: que dada su envergadura física y el tratamiento de testosterona con lo que ayuda a su cambio de sexo, el chaval ha ganado fácilmente. Algunos le han apoyado. Otros le han silbado. Al menos nadie le ha disparado.

Al chico en cuestión se le ofrecían dos alternativas: respetar al deporte, respetar el buen orden, y no competir. O competir y respetar al deporte y a la sociedad dejando de manifiesto lo absurdo de la norma. Ha elegido lo segundo. Particularmente, le aplaudo. Víctimas ha habido: las chicas que en buena lid han perdido ante él pero en puridad no han sido víctimas suyas, sino de los legisladores temerosos del Yavé Sebaot, Dios de los Ejércitos, o de Jehová o así, que han querido darle al chaval una patada en el culo de ellas.

Bien. La transexualidad en el deporte es un debate serio. Está el caso de las personas que por causas naturales tienen, físico aparte, una producción de testosterona anormalmente elevada para la generalidad de su sexo, como por ejemplo es el caso de Caster Semenya, o quien tenga características de una persona que no encaje en la descripción genética que típicamente diferencia los cuerpos de un hombre y una mujer. Por un lado, en competición participa con ventaja, pero al ser esta 'natural' y no exógena, hay sólidos argumentos a que se permita su participación sin las limitaciones que en su día estableció la IAAF. Así lo estimó el TAS tras el proceso iniciado por la atleta india Dutee Chand, que indirectamente benefició a Semenya.

A Paula Radcliffe le cayeron todo tipo de palos cuando apuntó a la posibilidad de que por medio de manipulación genética se pudieran conseguir personas que presentaran, 'naturalmente' o al menos de nacimiento, ese tipo de características físicas. Que hoy en día sea -por lo que sabemos- ciencia ficción no implica que en un futuro no sea posible, y en cuanto a dopaje y trampas, cosas similares conocemos, y aún peores. Yo particularmente tampoco descartaría a alguien lo bastante desquiciado o falto de escrúpulos capaz de jugar con su condición sexual para conseguir ventaja deportiva que, a ciertos niveles, es económica y profesional, precisamente por la razón apuntada antes. Pero esto es opinión personal.

Pero esto es la parte seria del debate que, como vemos, puede muy bien estar en sus inicios. La parte chusca y diría yo que peligrosa es la ley de Texas: al chaval, como nació mujer, le toca competir como mujer hasta que las ranas críen pelo. Él y sus competidoras, es decir, las personas, no importan un pimiento. Importa que no se altere el orden sacrosanto de las cosas que ha existido desde que el libro del Levítico fue escrito por unos pastores seminómadas cuando la antigua Roma aún era campo. No entro ni salgo en si se lo dictó Dios en el Sinaí transfigurado en zarza ardiente.

Expreso sólo mi extrañeza conque esas leyes inspiradas en esa inspiración religiosa hagan tanto hincapié en la sexualidad, pero no respeten cosas que también dice su libro (el Levítico y otros) como que haya que matar a quien trabaje en sábado o domingo (y haya así que ejecutar a todos los deportistas profesionales y personal de los estadios), que no se pueda comer conejo por ser rumiante (que no lo es, por cierto), que se pueda vender a los hijos como esclavos o que no se pueda tocar nada de cerdo, lo cual hubiera prohibido el desarrollo de todos los deportes de balón hasta la invención de los plásticos (de estos no se dice nada pero no he oído nada a ninguno de estos fanáticos de oponerse a ellos). Por más que servidor de ustedes haya leído el Evangelio, no he encontrado en él nada que justifique persecuciones por razón de sexo. Sí en cambio decir que el sábado es para el hombre y no el hombre para el sábado, y al protagonista del libro sacando a mercaderes del templo a hostias (aunque bueno, igual es que eso delata que en realidad era un perroflauta enemigo de la libertad de empresa).

En fin, divagamos, que hablamos de deporte y no de teología. Simplemente, se trata de señalar como en este caso el deporte nos muestra cómo puede cambiar nuestra vida si en vez de ser dirigida por la pobre y errada ética de los pobres seres humanos pasa por ser dirigida por la áurea regla de las personas que hacen depender su poder de lo que dicen que su Dios ha dicho. Ejemplos tenemos muchos: la lucha de las mujeres iraníes por entrar al fútbol o por competir, como las de Arabia Saudí y más sitios (y recuerden como a Rafa Guijosa y a su equipo -masculino- los llevaron a comisaría por entrenar de corto en un parque), la imposición en España de los 'pololos' como vestimenta moralizante para deportistas (mujeres) y la prohibición de modalidades...

A mí desde pequeño me dio siempre grima la expresión "como Dios manda" porque me parecía absurdo que Dios se fuera a ocupar de cómo me tenía que sentar, de como se hacía una tortilla de patatas o de como tiene ser una camisa pero ya ven, parece que Dios también manda como debe ser la lucha libre.Lo malo es que esto no te lo dice directamente Dios, que si te lo dijera alguna autoridad habría que concederle, sino las personas que te dicen lo que dice Dios.

Y en cuanto a lo de esclavizar, matar o vender como esclavos mejor no les demos ideas, o más bien no les dejemos despertar los instintos. Ah, y no me refiero a todas las personas religiosas: me refiero a aquellas que utilizan su religión para esclavizar a una gente que, que yo sepa, no les obliga a ellos a nada. Jamás he visto en parte alguna ninguna ley que obligue a nadie a hacerse transexual y poner, así, patas arriba los reglamentos.
Material sobre investigacion social y cientifica: http://euthenica.blogspot.com.es/

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Febrero 26, 2019, 22:20:59 pm
Respuesta #1
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Cita de: Fernando M. Carreño
El caso de Caster Semenya puede ser visto como uno de los frutos de los citados "experimentos sociales": modelar un realidad para que, de acuerdo a la percepción, pueda ser asumida cualquier medida. En este caso un atentado a los derechos humanos a base de haber establecido previamente la no pertenencia del sujeto al colectivo al que, en efecto, pertenece.

Y si la IAAF limita la capacidad competitiva de Caster Semenya porque sus niveles de testosterona son más propios del sexo masculino que del femenino, el mundo del deporte habrá consumado una de las grandes injusticias de su historia. Porque en el caso de que Caster Semenya no sea fruto de una manipulación genética  -lo que no parece ser el caso-, la atleta sudafricana es simplemente una PERSONA con unas características especiales, pero naturales: ha nacido así.

Prohibirla correr de acuerdo a su naturaleza sería tanto como haber obligado a Manute Bol o Uliana Semenova a competir de rodillas o a Miguel Indurain con algún tipo de corsé para limitar su capacidad pulmonar. No es, siquiera, cosa de deporte, sino de dignidad y humanidad: no es compatible llenarse la boca de valores y de inclusión y luego apartar al diferente por serlo. Hazlo, además, y habrás creado un precedente para que se siga tu ejemplo en entornos más peligrosos. O Semenya corre, o el atletismo se será infiel a sí mismo.
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Febrero 26, 2019, 22:22:06 pm
Respuesta #2
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Estoy muy de acuerdo. El caso de prohibirle competir a Semenya equivaldría a prohibirle al nadador Ian Thorpe y sus pies de 53 competir con los demás nadadores.

El caso de Semenya pone al mundo del deporte y a la sociedad frente a unos límites para los que nos estában preparados.
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