Autor Tema: La obsesión por la estética a la que conduce el 'postureo'  (Leído 84 veces)

Noviembre 06, 2019, 21:51:19 pm
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"Estamos asistiendo a un bombardeo mediático constante de iconos de belleza espectaculares y a un reclamo publicitario elevado para consumir belleza. Pero el problema está en que se trata de una belleza exagerada que nos incita a querer parecernos a esos iconos y a encajar con cierta ansia en el molde estético de moda. En la población juvenil, sin duda la más vulnerable a la presión cosmética, la comparación con modelos irreales, que además se reproducen en las redes sociales, genera un déficit estético que produce baja autoestima e insatisfacción corporal", afirma Emilio García Sánchez, profesor de Bioética en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU UCH) de Valencia y coordinador del libro Belleza fantasma y deporte a lo loco.

Se intenta salir con preocupación y urgencia de esa zona deficitaria, aumentando las actividades estéticas dirigidas a la pérdida de peso, las dietas extremas, el elevado número de horas de gimnasio y los procedimientos estéticos invasivos (cirugías mamarias, rinoplastias, liposucciones) y no invasivos (bótox, aumento de labios, decoración de uñas, depilación de cejas). Por otra parte, el resultado final es necesario plasmarlo en una foto para subirla al perfil de Instagram. A la realización del fotomontaje se dedica un excesivo tiempo; sin duda, otra manifestación de la obsesión.

El profesor del CEU UCH recuerda que el deseo por querer embellecerse y mejorar la apariencia externa atraviesa la historia de la humanidad. Se trata de un deseo humano, bueno y legítimo. Nos sienta bien vernos bien, produce alegría individual y a nuestro alrededor. Pero en el tiempo actual hemos entrado en una fase de excesiva preocupación porque se ha hipertrofiado el valor de la imagen corporal.

"Hoy vales tu imagen y el resto de aspectos de tu vida queda en un segundo lugar de importancia. Vivimos en un permanente desfile de modelos en el que nos están constantemente observando y evaluando. Las nuevas pasarelas son las redes sociales, en especial Instagram y Facebook, plataformas en la que a diario recibes aprobación o desaprobación por tu aspecto corporal que aparece en las imágenes que subes. Aunque han decidido recientemente retirar la opción de los likes, mucha gente ha quedado atrapada en los me gusta de sus fotos, y son dependientes de ellos para valorarse", advierte García Sánchez.

¿Quiénes están en riesgo?

Fundamentalmente, el mayor riesgo es en adolescentes y jóvenes porque se encuentran en una etapa de la existencia humana en la cual reclaman a gritos el reconocimiento de los otros, de los demás, del mundo: familia, amigos, compañeros de clase, etcétera. En ese crecimiento personal, y especialmente corporal, muchos adolescentes necesitan que les valoren. A juicio del profesor de Bioética el problema es que, por un lado, el reconocimiento se ha circunscrito a la valoración casi exclusiva de la imagen física. Me siento reconocido en mi vida si me dan muchos ‘likes’ y me dicen que estoy bien. Por otro lado, puede ser que los adolescentes, busquen refugios donde se les reconozcan al margen de su ambiente familiar, de su casa con los suyos. Si en casa, a lo largo del desarrollo de la infancia y adolescencia no ha recibido adecuadamente el reconocimiento por parte de su familia, lo busca donde sea. Hoy ese refugio en donde habitan horas y horas son las redes.

Se sienten más afectadas las mujeres que los hombres. El dato para corroborarlo es que, por el momento, el número de procedimientos estéticos diversos y la frecuencia a los que se someten es mayor en ellas que en ellos. Pero aumenta el número de hombres obsesionados con su imagen, con respecto a hace 20 años.

El deseo estético no tiene fin

En cuanto al culto al cuerpo, ¿cómo saber si un familiar o allegado ha cruzado la línea entre el ejercicio físico saludable y el deporte en exceso? García Sánchez describe los siguientes síntomas: "Excesiva preocupación; aislamiento; aumento del número de horas ante el ordenador, el teléfono móvil, la tablet o en el cuarto de baño; y mayor número de horas encerrado en la habitación. Visitas al gimnasio casi a diario. Disminución de las relaciones sociales. Empezar a hacer ascos a determinados alimentos que aparecen en las dietas normales de cualquier familia y que no plantean ningún problema de salud. Preocupación con determinadas prendas de ropa. Exceso de dedicación a maquillarse o arreglarse para salir".

¿Los retoques estéticos ‘enganchan’? "Está comprobado médica y psicológicamente que el deseo estético tiende al infinito porque uno siempre quiere mejorar otra parte nueva de su cuerpo. Uno siempre desea ser más atractivo de lo que ya es, más joven, más musculado, más sexy. El potencial adictivo es algo medible, reconocible en un buen número de tratamientos estéticos que no paran de aumentar en frecuencia de asistencia y diversidad. En Estados Unidos, el 30% de tratamientos es de personas que ya con anterioridad se habían hecho algo", señala el profesor de Bioética.

Se han multiplicado el número de beauty center, clínicas estéticas y gimnasios. La demanda es muy elevada. El experto añade que "las clínicas ayudan poco en este aspecto adictivo estético porque apenas informan del riesgo de adicción y porque, incluso, en no pocos casos ofrecen múltiples pack de procedimientos estéticos como oferta y, además, una vez que te registran te envían información frecuentemente de nuevas técnicas, productos y ofertas".

¿Verse bien o mal frente al espejo es una cuestión de autoestima?

Sentirse bien estéticamente influye sin duda en la autoestima, y, por tanto, es comprensible y positivo que alguien quiera embellecerse y mejorarse. Pero el problema se localiza en pensar que toda la autoestima de una persona pivota sobre la belleza corporal. García Sánchez subraya que "en la vida, además, tienen que funcionar bien otros aspectos más importantes: mi familia, mi trabajo, mis relaciones con los demás. Por tanto, hay que mirarse no solo en el espejo del baño, sino también en otros espejos que me digan si además de mi imagen corporal es necesario cuidar y embellecer otras facetas de mi vida. En definitiva, la belleza, así como la autoestima, debe ser integral, total, abarcar la vida entera y no una sola parte o un miembro. La belleza, sobre todo, debe de ir de dentro hacia fuera".

Las graves consecuencias de la obsesión por la imagen corporal

La consecuencia principal de la obsesión estética es la generación de una excesiva preocupación por la propia imagen corporal de la persona que siente que no se ajusta a los modelos estéticos de éxito. Esta preocupación conduce a un número creciente de personas a someterse a tratamientos estéticos frecuentes, a hacer dietas desaconsejables, ejercicios físicos poco controlados, etcétera. "Se hacen dependientes estéticos, o como yo denomino: vulnerables cosméticos, que conforman una nueva vulnerabilidad social", defiende el profesor del CEU UCH.

La consecuencia final más grave es la distorsión sobre la propia imagen, que puede acabar en un trastorno dismórfico. En otros casos, está generando trastornos de la conducta alimentaria (anorexia y bulimia) en gente joven. También se diagnostican casos de trastornos obsesivos compulsivos, vigorexia en chicos y depresión.

Propuestas para recuperar el sentido de la belleza y el deporte

Para recobrar el sentido no obsesivo de la belleza y el deporte, los autores del libro Belleza fantasma y deporte a lo loco ofrecen una serie de "recomendaciones de sentido común. Indicamos algunas de las que nos parecen más importantes":

1. No midas tu felicidad o bienestar estético por el número de likes de tus fotos. Vales mucho más que lo que digan los otros sobre las fotos de tu cuerpo.
 
2. Ponte tu vida como vestido, porque tu vida con tu cuerpo es el mejor de los vestidos, el más hermoso de todos. Reconoce tu vida y tu cuerpo como el verdadero vestido que nunca pasa de moda, el que siempre es nuevo e irrepetible.
 
3. No mires fotos trucadas quedándote embobado o embobada. Entrénate en mirar rostros vivos de carne y hueso.
 
4. Se puede abandonar Instagram y Snapchat y ser libre. De verdad, no es una debilidad. Rebélate a ser vigilado, secuestrado y atrapado entre las redes. Abdica de una vez de la ilusión estética virtual y decídete a vivir en la verdad de la belleza real, en la verdad de tu vida.
 
5. Haz deporte con moderación, asesorándote con expertos para llevar un buen plan de entrenamiento que te permita mantener la forma física, pero sin obsesionarte.
 
6. No sigas un plan que no está hecho para ti: no intentes imitar a los atletas de élite, porque sus marcas y sus ejercicios son superiores a lo que tu cuerpo puede soportar.
 
7. Fomenta y reconoce la diversidad corporal de las personas para así contrarrestar el único canon de belleza femenina asociado a la delgadez y el único canon de belleza masculina asociado al modelo fitness musculado.
 
8. Invertir más en educación familiar para advertir a los menores de los riesgos de exponer fotos íntimas o de acceder a determinados lugares de la red que son tóxicos y que les pueden dañar. La educación en valores, el diálogo y la confianza con nuestros hijos sigue siendo la mejor herramienta para prevenir este y otros riesgos.