Autor Tema: Sócrates no votaría a Bolsonaro  (Leído 49 veces)

Septiembre 11, 2019, 21:57:39 pm
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José María Rodríguez:

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Brasil vive días agitados por la irrupción de la ultraderecha. Jair Bolsonaro es el candidato que, con discurso populista, xenófobo y homófobo, está calando en todos los sectores de una sociedad castigada por la corrupción. ¿Les suena? Allí, el ex-militar, de segundo nombre Messias, ha obtenido el respaldo de algunos de los más grandes ídolos populares: los futbolistas. Abrió el melón Felipe Melo, y se han unido a las filas Lucas Moura, Gabriel Jesus, Neymar, Rivaldo, Cafú, Edmundo... Hasta Ronaldinho, para disgusto de muchos barcelonistas. Todos piden Ordem e Progreso. Pero vamos, sobre todo Ordem.

Mientras Bolsonaro se perfila como favorito para ser presidente el día 28, es seguro que un mito del fútbol brasileño no sólo no le habría votado, sino que le habría combatido: Sócrates. Posiblemente, el futbolista más atípico de los que jamás vistieron la 'verdeamarelha'.

Bautizado como Sócrates Brasileiro Sampaio de Sousa Vieira de Oliveira, llegó tarde al deporte profesional porque antes tenía mucho que aprender. Licenciado en medicina, con una formación muy superior a la habitual, vistió el 8 en la última representante del 'jogo bonito', la que perdió frente a Italia en el Mundial 82. En ese partido se puede ver un tanto asombroso del 'gigante de los pies diminutos' -medía 1,92 y calzaba un 37-, sorprendiendo a Zoff con un remate seco tras amagar el centro. Pese al juego asombroso de aquel equipo de Sócrates, Zico, Falcao, Cerezo o Eder, la dolorosa derrota también en México 86 hizo que la 'seleçao' renunciara a su legado para buscar el triunfo. Elegante, con zancada poderosa y visión de juego extraordinaria, Sócrates trascendió en el campo pero, sobre todo, fuera de él.

El legado del 'Doctor' está presente en el Corinthians, su club. Allí, en tiempos de dictadura militar de Figueiredo (alabada públicamente por Bolsonaro), fue esencial en la creación de la 'democracia corinthiana'. Auspiciada por los dirigentes e impulsada por Sócrates, Casagrande y Wlademir, todo en el club paulista se decidía en democracia clásica: un hombre, un voto. El nuevo entrenador, los fichajes, las concentraciones... Todo. Aquel equipo osado llegó a saltar al inmenso Morumbí con una pancarta subversiva: "Ganar o perder, pero siempre en Democracia". Sí, Sócrates, con el puño en alto tras cada gol, ayudó a acabar con la dictadura. Fallecido en 2011, el 'Doctor' sería hoy, sin ninguna duda, la oposición ilustrada a Bolsonaro.


Septiembre 11, 2019, 23:30:54 pm
Respuesta #1
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Sócrates, el demócrata del fútbol

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El estadio de Pacaembú a reventar, 37.000 gargantas alborotadas, voces perdidas entre el ruido, aficionados expectantes antes de la final del torneo paulista de 1983, entre el Corinthians y el São Paulo. De repente, un futbolista, estilizado, pelo rizoso, barbado, salta al campo solo, con el brazo alzado y una camiseta con mensaje. "Ganar o perder, pero siempre con democracia", se leía. Más gritos, más fuertes. Era Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieria de Oliveira, todo un ídolo por su elegancia en el juego, por su filosofía de vida fuera de él, por un manual político valiente, rebelde. Era El Doctor. Querido por muchos porque siempre siguió a rajatabla su ideal, "el de ayudar a los demás".

Para Sócrates el balón fue un adorno de los libros en su infancia, azuzado por su padre -admirador de los filósofos griegos- para que ejerciera una "profesión digna". Su padre era funcionario público y un amante autodidacta de la literatura. De hecho, dio a su hijo el nombre del filósofo griego Sócrates porque en los días previos al nacimiento estaba leyendo República de Platón, y dos de sus hermanos también fueron bautizados como los pensadores Sófocles y Sóstenes. Al poco tiempo la familia se trasladó a São Paulo por motivos laborales, estableciéndose en Ribeirão Preto.

Sócrates ingresó en un colegio de la orden de los hermanos Maristas, donde tuvo su primer contacto con el fútbol. No obstante, los padres le insistieron en que priorizase los estudios frente al deporte. Una vez cumplió la formación obligatoria, ingresó en la Universidad de São Paulo para cursar medicina. Compaginó los libros con el fútbol profesional y se doctoró en 1977.

Al margen de su educación, superior a la de otros futbolistas brasileños de la época, destacó por su implicación política hacia la izquierda. Cuando tenía diez años y se produjo el golpe de estado de 1964, vio como su padre quemó libros de la biblioteca familiar por miedo a ser detenido. Ese incidente despertó el interés, acrecentado en la universidad cuando conectó con movimientos contra la dictadura militar.​

Siempre le atrajo la medicina, pero su talento no estaba en las manos, sino en los pies, minúsculos (calzaba un 37; algo extraño en alguien de 1,93 metros) y un tanto deformados porque tenía un hueso desencajado en el talón, lo que le permitía tirar, por ejemplo, penaltis de tacón con una fuerza extraordinaria. Así que cuando se dio cuenta, con 23 años, era jugador del Corinthians y médico. "Sócrates Souza, pediatra", ponía en el cartel de bienvenida de su casa. Con los shorts azules y la camiseta ajustada, como en la época, Sócrates deslumbró al mundo en España 1982 con la afamada selección de Brasil -también fue el capitán en México en 1986-, que desplegó uno de los juegos más bellos y menos premiados. "Mala suerte y peor para el fútbol", convino el jugador a pie de campo, nada más ser eliminado por Italia (3-2) en la segunda fase, lo que se conoce como La tragedia de Sarrià. "No hay que jugar para ganar, sino para que no te olviden", insistió hace poco. Su selección lo consiguió, con ese fútbol alegre, un tanto despreocupado, de mucho toque, con Junior, Serginho, Zico, Eder, Falcao, Cerezo... En medio de cada ataque estaba Sócrates, siempre con la cabeza alta y los brazos caídos, enganche que danzaba hacia la derecha, que bien valía para distribuir el cuero que para lanzar paredes, que para soltar algún centro y llegar desde la segunda línea al remate.

No le fue bien al 8 salir de su país, al contrario que a su hermano pequeño Raí, que deslumbró en Francia (PSG) después de aupar al São Paulo de Telé Santana en la final de la Intercontinental contra el dream team de Cruyff en el 92. El Doctor no fue feliz siquiera cuando el Fiorentina desembolsó tres millones por él y puso a su disposición 18 billetes a Brasil por curso, dos coches y una mansión. A Sócrates le pudo la saudade y regresó a casa, al Flamengo, y luego al Santos. "El fútbol se agota pronto, por lo que le dedico mi tiempo. Ya vendrá mi otra pasión, lo que me gusta por encima de todas las cosas". Se refería a la medicina. Tampoco le fue demasiado bien, quizá porque sus ideas curativas eran demasiado transgresoras. Inquieto, sin embargo, probó como pintor, pero sin clientela ni críticas positivas se centró también en la música, donde compuso dos discos que se mantienen inéditos. "No se me daba muy bien", reconocía no hace tanto. Lo suyo era el fútbol. Por eso, en una última aventura, a los 50, bien cascado, fue durante un mes al Gartforth Town, club norteño de Inglaterra. Tiempos pasados; tiempos peores. Quizá porque, paradójicamente, ya no tenía el micro que le dio el fútbol, porque rechazó meterse en la política, por más que el ex-presidente Lula y otros se lo pidieran.

"Los futbolistas somos artistas y, por tanto, somos los únicos que tenemos más poder que sus jefes", argumentaba el centrocampista. De eso se dio cuenta en 1982, cuando junto a Wladimir y Casagrande, entre otros, además de Adilson Monteiro, el entonces director deportivo del Corinthians, ya cansados de la opresión de la dictadura militar de Figueiredo, decidieron crear un curioso sistema de democracia en el O Timao.

"Para mí", reflexionaba Sócrates; "lo ideal sería un socialismo perfecto, donde todos los hombres tengan los mismos derechos y los mismo deberes. Una concepción del mundo sin poder". Por eso defendió a ultranza lo que se conoció como la democracia corinthiana, forma de gobierno bajo el lema de "Libertad con responsabilidad", donde el club actuaba como una comunidad de personas en la que todos sus miembros, desde los suplentes o utileros hasta los más altos directivos, tomaban en conjunto todas las decisiones que los afectaban, y en la que todos los votos contaban por igual. La mayoría, el consenso, mandaba. Así, se establecieron los horarios de los entrenamientos, las comidas, las alineaciones, fichajes, despidos... todo. Incluso se aprobó la libertad de acción del futbolista a deshoras fuera de la cancha, nada mejor para Sócrates, que siempre defendió su derecho a fumar un cigarrillo tras otro, a beber. "El vaso de cerveza es mi mejor psicólogo", decía con esa voz susurrante, entremezclada con gallos. Entre otras cosas porque nunca le hizo falta correr demasiado; le alcanzaba con su cerebro, con sus pies.

Por más que lo defendiera, sin embargo, este admirador de Marx nunca fue uno más en el vestuario del Corinthians, club que se convirtió en la imagen de la revolución brasileña en contra de la dictadura, que ya estaba al final de su mandato. No era raro ver imágenes del equipo, ante sus 80.000 fieles seguidores, con pancartas antes de los partidos como "Democracia", "Quiero votar a mi presidente" y "Derechos ya". Ese el otro éxito del Corinthians, que se laureó con los campeonatos del 82 y, ya en Pacaembú, en 1983, el día de la final paulista ante 37.000 gargantas alborotadas, voces perdidas entre el ruido... Sócrates marcó el único gol, el del triunfo.

Entre sus referentes se encontraban Ernesto «Ché» Guevara y John Lennon, ex de Los Beatles y activista por la paz. Uno de sus hijos fue bautizado Fidel por el dirigente cubano Fidel Castro. Sus pensadores favoritos eran Maquiavelo y Hobbes.​ Cuando llegó a la Fiorentina en 1984, respondió que viajó a Italia para «leer a Antonio Gramsci en su idioma original».

La muerte fue tal y como pidió en una entrevista de 1983:  «Quiero morir un domingo y con el Corinthians campeón»). La fecha fue en la madrugada del domingo y esa misma tarde su equipo se proclamó campeón de liga.

Algunas de las frases del brasileño:

"La gente me dio el poder como un futbolista popular".

"Si la gente no tiene el poder de decir las cosas, entonces yo las digo por ellos. Si yo estuviera del otro lado, no del lado de la gente, no habría nadie que escuchara mis opiniones".

"Lo mejor que el fútbol me dio fue la oportunidad de conocer a los seres humanos. Conocí a personas que sufrieron muchísimo y también conocí el otro lado de la sociedad, los que lo tienen todo. Pude ver las dos caras de la sociedad en la que vivimos".

"Cuando le puse a uno de mis hijos Fidel, mi madre me dijo: 'Es un nombre un poco fuerte para un niño'. Y le respondí: 'Madre, mira lo que me hiciste a mí".

"¿Por qué causas más conmovedoras no mueven tanto como el fútbol: como los niños en la calle, los tsunamis, la miseria extrema en el corazón de África y en algunas otras esquinas, el genocidio y muchas otras?"

"Muchas veces pienso si podremos algún día dirigir este entusiasmo que gastamos en el fútbol hacia algo positivo para la humanidad, pues a fin de cuentas el fútbol y la tierra tienen algo en común: ambos son una bola. Y atrás de una bola vemos niños y adultos, blancos y negros, altos y bajos, flacos o gordos. Con la misma filosofía, todos a fantasear sobre su propia vida".

"Regalo mis goles a un país mejor".

"Ganar o perder, pero siempre con democracia".
« Última modificación: Septiembre 11, 2019, 23:32:39 pm por Beti ona »


Septiembre 12, 2019, 01:16:01 am
Respuesta #2

La verdad que esto está un desastre, sin plata, super explotación, violência, deforestación nunca antes vista, crimen organizado (milícia) vinculado com Bolsonaro, ademas de uma máquina permanente de decir imbecilidades locales e internacionales.

La vuelta de tuerca es que el periodista Glenn Greenwald, premio Pullitzer, consiguio las conversas privadas de jueces y fiscales mostrando ilegalidades absurdas y desvios de poder.

Las está soltando día a día por el site "the intercept" y por convenio com vários órganos de prensa.
Eso esta mostrando la corrupción del poder judiciário y no sabemos si éste hará algun movimiento em bien del estado de derecho o se seguirá enterrando em el pozo de mierda em que ahora se encuentra.

A propósito, Bolsonaro propuso que los ciudadanos cagasen solamente em días alternados para contaminar menos.
Las afirmaciones, si no aparecen relativizadas tipo "mi opinión es.." o "pienso que..." tienen fundamento, que puede estar escrito o no. Aquel que entienda que lo que digo es errado, pues es convidado a explicar lo correcto, fundamentando adecuadamente, y todos creceremos. Muchas gracias